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15 octubre 2026

Alfeñique, la dulzura que une a León, Celaya y Toluca

Artesanos de tres estados preservan recetas, superan obstáculos y crean nuevas figuras de alfeñique para seguir celebrando la muerte con sabor.

Alfeñique, la dulzura que une a León, Celaya y Toluca

En los pasillos de los portales de León, Celaya y Toluca se levanta un aroma a azúcar glas y a cacao fundido que anuncia la llegada de la Feria del Alfeñique. Cada año, cientos de visitantes llegan a buscar esas calaveritas, frutas de azúcar y miniaturas que, más allá de ser simples dulces, son testimonios de una tradición que supera los sesenta años y atraviesa fronteras. La festividad no solo celebra el Día de Muertos sino que también se convierte en un punto de encuentro entre generaciones, entre lo artesanal y lo comercial, y entre la nostalgia y la innovación.

El legado de los artesanos en León

En la avenida Miguel Alemán, la historia de una mujer que aprendió el oficio de su madre, doña Sara, se traduce en más de dos decenas de figuras anuales: nopales, sandías, limones y otras frutas que imitan la naturaleza con una precisión sorprendente. Cada pieza se vende a tres por diez pesos, lo que permite que familias de cualquier poder adquisitivo se lleven a casa un pedazo de historia. La receta familiar para las frutas de azúcar, considerada única por su sabor, ha atraído a clientes internacionales; un turista estadounidense viajó especialmente para comprar esas pequeñas frutas y llevarlas a su país.

Recetas transmitidas y clientes internacionales

El proceso de elaboración es laborioso: algunas piezas requieren hasta tres días de trabajo, empezando por una base en blanco que luego se decora con detalle. La artesana destaca que, a pesar del esfuerzo físico, el amor por el oficio la impulsa. La demanda de extranjeros confirma que el alfeñique trasciende fronteras y que el reconocimiento de su trabajo justifica el cansancio. Cada visita de un cliente extranjero se convierte en una prueba viviente de que la cultura dulce puede viajar y ser apreciada más allá de la frontera mexicana.

Desafíos económicos y climáticos en la Feria de Celaya

En la ciudad de Celaya, la 65ª edición de la feria arranca bajo una lluvia constante que amenaza la delicadeza del producto. Los 194 comerciantes, entre los que se encuentran Jorge Baeza Martínez y Roberto Sánchez, expresan preocupación por la humedad, que daña las piezas y reduce la afluencia de público. Aun así, se anticipa un repunte de ventas a partir del 12 de octubre, cuando las familias comienzan a armar altares y los mayoristas adquieren para reventa. El costo de los insumos ha subido entre 10 y 30 pesos, obligando a ajustar los precios, que van desde cinco pesos por piezas simples hasta 450 pesos por figuras de resina.

Innovación y participación de nuevas generaciones

Para mantener el interés de los más jóvenes, los artesanos incorporan personajes de la cultura pop y crean figuras como “vaquitas”, “monjas” o “plantas vs. zombis”. La tercera generación de la familia Baeza, que aprendió el oficio a los ocho años, sigue trabajando junto a hijos, nueras y nietos, demostrando que el amor al arte prevalece sobre la rentabilidad. Además, la feria se vuelve un escaparate para pedidos escolares y mini-puestos en preescolares, ampliando así su alcance educativo.

Toluca: la expansión del alfeñique y la oferta cultural

En Toluca, 84 puestos convierten el Andador Constitución en el “Andador de la Soledad”, donde se exhiben réplicas de tumbas emblemáticas y gigantescas calaveras. La feria, iniciada el 2 de octubre, combina tradición y entretenimiento familiar sin consumo de alcohol y con presencia de 120 policías municipales. Más de mil doscientas actividades gratuitas, desde conciertos de Camilo León hasta talleres de chocolate y grabado, invitan a locales y visitantes de México, Alemania, Estados Unidos y, próximamente, Qatar. Los artesanos ofrecen mini-panecitos, pingüinos y conchas en formatos diminutos, manteniendo precios accesibles (tres piezas por diez pesos) para que la cultura del alfeñique siga siendo parte de la vida cotidiana.

En conjunto, estas tres ciudades revelan cómo el alfeñique logra equilibrar la conservación de recetas centenarias con la adaptación a nuevas realidades económicas y climáticas. La combinación de recuerdos infantiles, innovaciones creativas y la capacidad de llegar a mercados internacionales asegura que, pese a los retos, la dulzura siga acompañando a las familias durante el periodo del Día de Muertos.

Autor

María Vázquez

María Vázquez, zaragozana de 38 años con gafas y mirada analítica, rememora haber cubierto la crecida del Ebro en 2015 desde la ribera del Actur. Afirma la necesidad de rigor y contexto en cada pieza; es licenciada en Historia por la Universidad de Zaragoza y mantiene una columna semanal sobre vida urbana y políticas públicas.