Los PFAS o sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, son compuestos químicos sintéticos que han generado preocupación por su persistencia en el medio ambiente y su potencial impacto en la salud humana. Conocidos popularmente como químicos eternos estos compuestos pueden llegar a nuestros alimentos a través de diversas vías, desde el agua y el suelo hasta los pesticidas y los materiales de envasado.
Aunque eliminar por completo los PFAS de los alimentos resulta difícil, existen estrategias para reducir su presencia y minimizar su impacto en la cadena alimentaria. La prevención desde el origen es clave, ya que actúa antes de que estos compuestos contaminen los alimentos que consumimos a diario.
Las vías de contaminación de los PFAS en los alimentos
Los PFAS pueden contaminar los alimentos a través de múltiples rutas. La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha identificado cuatro compuestos específicos (PFOA, PFNA, PFHxS y PFOS) que pueden acumularse en el organismo humano y afectar negativamente al sistema inmunitario. Estas sustancias pueden llegar a los alimentos a través de la contaminación del suelo y del agua, así como por el uso de ciertos pesticidas y materiales en la producción, preparación o envasado de los alimentos.
Un ejemplo claro de esta contaminación es el caso de los huevos ecológicos en Dinamarca, donde se detectaron PFAS en los huevos debido a la alimentación de las gallinas. Los investigadores sospecharon que estos compuestos provenían de la harina de pescado utilizada en los piensos, lo que demuestra cómo los PFAS pueden desplazarse a lo largo de la cadena alimentaria.
Además, un informe de Pesticide Action Network reveló un incremento significativo de los residuos de pesticidas PFAS en productos agrícolas de la Unión Europea entre 2011 y 2026. En 2026, se encontraron residuos de al menos un pesticida PFAS en el 20 % de la fruta cultivada en la UE, con productos como la achicoria, los pepinos, los pimientos, las fresas, los melocotones y los albaricoques entre los más afectados.
El papel de los envases en la contaminación por PFAS
Los envases alimentarios también pueden ser una fuente de exposición a los PFAS. Estas sustancias se han utilizado en materiales destinados al contacto con alimentos debido a su capacidad para repeler el agua y las grasas. Sin embargo, el nuevo marco europeo sobre envases, conocido como PPWR establece límites para estas sustancias en determinados envases alimentarios, prohibiendo la comercialización de aquellos que superen los valores establecidos.
Una investigación del departamento de biología de la Universidad de Amberes analizó 39 marcas de pajitas para beber fabricadas con diferentes materiales. Los resultados mostraron la presencia de PFAS en el 69 % de las marcas analizadas, con una mayor frecuencia en las pajitas de papel (90 %), seguidas de las de bambú (80 %) y las de plástico (75 %). Solo las pajitas de acero inoxidable no contenían estas sustancias, lo que subraya la importancia de elegir materiales seguros.
Estrategias para reducir la presencia de PFAS en los alimentos
Dado que eliminar los PFAS de los alimentos una vez que están contaminados es difícil, la estrategia más eficaz es prevenir su entrada en la cadena alimentaria. Esto implica reducir la contaminación en su origen, actuando sobre el agua, el suelo, los cultivos, los animales y los materiales de envasado.
Para el tratamiento del suelo, la Agencia Europea de Medio Ambiente señala que los métodos basados en la combustión a altas temperaturas son los únicos capaces de eliminar completamente los PFAS. También se puede recurrir al lavado del suelo con disolventes químicos, aunque su eficacia varía según las características del terreno.
En el caso del agua, existen alternativas como el carbón activado, que retiene los PFAS mediante adsorción, y la ósmosis inversa, que elimina una amplia variedad de estos compuestos con alta eficiencia. Otra opción es la oxidación electroquímica, que utiliza energía eléctrica para degradar los contaminantes y puede alcanzar una eliminación del 99 % o superior, aunque con un coste económico y energético considerable.
La prevención sigue siendo fundamental, ya que los PFAS pueden pasar del medio ambiente a los cultivos, de los cultivos a los animales y de estos a los alimentos. Reducir su presencia desde las primeras etapas de la cadena alimentaria es mucho más eficaz que intentar solucionar la contaminación cuando ya ha llegado al consumidor.
Tratar el agua y el suelo, vigilar los pesticidas y los piensos, establecer límites para los materiales en contacto con alimentos y continuar investigando métodos para eliminar o degradar estas sustancias son pasos clave para construir cadenas alimentarias más seguras y reducir la exposición a estos persistentes químicos eternos.



