Saltar al contenido
8 octubre 2026

Mamojàda Vives muestra la evolución vitivinícola de la Barbagia

Mamoiada celebra su renacimiento vitivinícola en Mamojàda Vives, con más de 30 bodegas y una propuesta de Cannonau que destaca por su calidad y comunidad.

Mamojàda Vives muestra la evolución vitivinícola de la Barbagia

En la segunda mitad de mayo se celebró la edición anual de Mamojàda Vives un encuentro impulsado por la Asociación Mamojà que reúne a productores, amantes del vino y curiosos del territorio de la Barbagia, en la comarca de Mamoiada (Sardegna). El objetivo del evento es poner en relieve la singularidad de los vinos locales su gente y el entorno que los hace posibles, y esta edición no fue la excepción.

Crecimiento de la actividad vitivinícola en la última década

Fundada en 2015, la Asociación Mamojà partió con apenas cinco bodegas oficiales. Hoy, el número supera los treinta, lo que sitúa a Mamoiada entre los enclaves más densamente plantados: 2.400 habitantes y una bodega oficial cada 60 personas, sin contar las 200 producciones familiares que siguen la tradición de hacer vino en casa. La expansión se refleja también en la superficie cultivada, que alcanza los 350 hectáreas de las cuales 20 hectáreas se destinan exclusivamente al Granatza la variedad autóctona que sostiene gran parte del carácter del Cannonau sardo.

Identidad y terroir de Mamoiada

El carácter distintivo del vino de Mamoiada se basa en factores geográficos y históricos: una altitud que favorece grandes diferencias térmicas, suelos graníticos que aportan mineralidad y viñedos centenarios plantados en espaldera. En los últimos años, la comunidad ha comenzado a hablar de zonación y de las llamadas «ghirada«, pequeñas áreas dentro del municipio que presentan microclimas y perfiles sensoriales propios. Esta evolución conceptual permite a los viticultores afinar sus estilos y ofrecer al consumidor una experiencia más diferenciada entre una ghirada y otra.

El vino como proyecto comunitario

El congreso de este año llevó por título «El vino comunitario», reflejando la filosofía que rige a los socios de Mamojà. Los requisitos para pertenecer son claros: residir en Mamoiada, practicar viticultura orgánica y apostar por fermentaciones espontáneas. Simone Sedilesu, presidente de la asociación, subraya que la proximidad entre los productores fomenta el intercambio de conocimientos y el establecimiento de normas comunes, creando una red que trasciende la suma de sus partes. Este sentido de colectividad ha atraído la atención de medios especializados y ha posicionado al municipio como un referente dentro del Cannonau de Sardegna.

Degustación: 12 blancos y 21 rojos entre los protagonistas

Durante Mamojàda Vives se degustaron un total de 33 vinos doce blancos y veintiuno tintos, muchos de los cuales mostraron la evolución de la calidad. Entre los blancos, Mussennore – Granatza 2025 sorprendió con su frescura y un final cítrico, mientras que Canneddu – Delissia 2025 ofreció cuerpo y una nota amarillenta que marcó su carácter. Vikevike – Granatza 2025 destacó por una aromática verde y una sorprendente complejidad a pesar de su cuerpo ligero. En la gama roja, Andrea Cosseddu – Ghirada Istevene 2024 mostró una firmeza mediterránea y matices herbáceos, y Francesco Cadinu – Ghirada Elisi 2024 recordó la potencia de un Châteauneuf-du-Pape con su elegancia y plenitud. Los vinos más recientes revelan una tendencia a reducir la extracción, a refinar el uso del roble y a resaltar la fruita y la nitidez del terruño.

Proyección futura y retos

El éxito de la edición 2025 confirma que Mamoiada ha sabido combinar tradición y modernidad. El incremento de bodegas, la consolidación de la identidad local y la creciente visibilidad mediática auguran un futuro prometedor, aunque el reto de mantener la producción sostenible y la calidad frente a la presión demográfica sigue presente. Con la comunidad unida bajo la dirección de Simone Sedilesu, la zona tiene la oportunidad de seguir siendo un punto de referencia para el Cannonau y para toda la viticultura sarda.

Autor

Diego Romero

Diego Romero trabajó en cocinas de Madrid y Sevilla durante quince años antes de pasar al periodismo gastronómico. Especializado en recetas tradicionales reinterpretadas.