La repostería francesa y la vasca comparten una pasión por los postres que destacan por su presentación y sabor, aunque provengan de tradiciones muy distintas. En este artículo se desglosan dos preparaciones que, pese a su aparente sencillez, sorprenden a los comensales: el pastel invisible de manzana una delicia donde la fruta constituye la mayor parte del cuerpo del pastel, y el pastel vasco una torta de masa mantequillosa rellena de crema pastelera. Además, se menciona brevemente la actual carrera por la mejor tarta de queso en Bilbao, que muestra cómo la innovación sigue viva en la escena gastronómica del País Vasco.
Pastel invisible de manzana: la fruta como protagonista
El pastel invisible de manzana recibe su nombre porque la masa apenas se percibe entre las finas láminas de fruta, que pueden llegar a cubrir hasta el 80% del postre. Para lograr ese efecto es fundamental elegir manzanas firmes y ligeramente ácidas, como la Golden o la Granny Smith, que mantengan su forma al hornearse. Se recomienda pelar y cortar la fruta en rebanadas de 2 mm, usando una mandolina para garantizar la uniformidad.
Una vez listas las láminas, se disponen en el molde alternando colores y superponiendo ligeramente, creando un patrón similar a un milhojas pero sin capas de masa. Sobre la última capa se vierte una pequeña cantidad de masa ligera –hecha con harina, mantequilla, huevo y azúcar– que sirve solo para unir las frutas. El horno se precalienta a 180 °C y el pastel se cuece entre 35 y 45 minutos, hasta que la superficie adquiere un tono dorado y la fruta está tierna. El resultado es una pieza fotogénica, aromática y extremadamente jugosa, ideal para acompañar con una bola de helado de vainilla.
Pastel vasco: tradición y cremosidad en cada bocado
Originario de Cambo-les-Bains, el pastel vasco se caracteriza por una masa quebrada ligeramente crujiente por fuera y mantequillosa por dentro, que envuelve una generosa capa de crema pastelera. Los ingredientes son escasos pero esenciales: harina, mantequilla fría, azúcar, almendras molidas y huevos para la masa; leche, azúcar, maicena, huevos, canela y mantequilla para el relleno. La clave está en trabajar la mantequilla con los dedos hasta obtener una textura granulada antes de incorporar los huevos, evitando que la masa se caliente.
La crema se prepara en el microondas o a baño María, batiendo constantemente para evitar grumos, y se finaliza incorporando la mantequilla para conseguir una consistencia sedosa. Después de montar y refrigerar la masa en tres porciones, se forma la base circular, se recubre con tiras para los laterales y se rellena con la crema ya fría. Se cubre con otra capa de masa, se sellan los bordes y se decora con cortes superficiales antes de pincelar con huevo batido. El horneado a 180 °C durante 40 minutos produce una superficie dorada que oculta el interior húmedo y aromático.
Bilbao y la carrera por la mejor tarta de queso del país
Mientras los amantes de la repostería casera pueden seguir los pasos descritos, la ciudad de Bilbao se ha convertido en el epicentro de una competición nacional que busca coronar la tarta de queso más destacada de España. Tres restaurantes locales participan con propuestas que van desde la versión neoyorquina hasta interpretaciones con toques japoneses y frutos rojos. El certamen, que culminará el 25 de octubre, permitirá degustar versiones horneadas, frías, individuales y en porciones familiares, demostrando la versatilidad del queso como ingrediente estrella.
Esta convocatoria no solo pone en relieve la creatividad de los chefs bilbaínos, sino que también subraya la capacidad del País Vasco para fusionar tradición y vanguardia. Tanto el pastel vasco como la tarta de queso comparten la idea de una base crujiente que resalta un relleno cremoso, pero cada una aporta su propio legado cultural. Explorar estas recetas en casa puede ser la puerta de entrada a la escena gastronómica vasca y, quién sabe, quizá inspire a crear la propia versión ganadora del concurso.



