Con la llegada de la temporada de chiles en nogada, surge un debate culinario que divide opiniones: ¿deben servirse capeados o sin capear? Este platillo, símbolo de la gastronomía mexicana, ha evolucionado con el tiempo, generando interpretaciones diversas que mantienen viva su esencia.
La preparación tradicional de los chiles en nogada, originaria de Puebla, incluye un paso crucial: el capeado. Este proceso consiste en cubrir el chile relleno con harina y huevo batido antes de freírlo ligeramente, creando una capa dorada y esponjosa que envuelve el relleno. Este método no solo aporta una textura única, sino que también permite que la nogada se adhiera mejor al chile.
La preparación tradicional de los chiles en nogada
El proceso comienza con chiles poblanos asados, pelados y desvenados, que posteriormente se rellenan con un picadillo elaborado con carne, frutas y especias. La composición exacta del relleno puede variar dependiendo de cada receta familiar, pero siempre mantiene un equilibrio de sabores agridulces.
Una vez colocado el relleno, los chiles se cubren ligeramente con harina y luego con huevo batido. Después se fríen hasta conseguir una capa suave y ligeramente dorada. El objetivo no es obtener una cubierta gruesa, sino crear un capeado que acompañe al resto de los ingredientes. Posteriormente, se incorpora la nogada, cuya base característica es la nuez de Castilla. El platillo se termina con semillas de granada y perejil, elementos que aportan contraste de sabores y los tradicionales colores verde, blanco y rojo.
La razón por la que también se preparan sin capear
En los últimos años, se ha popularizado la versión sin capear principalmente entre quienes buscan una preparación más ligera. Al eliminar el huevo y la fritura, el sabor del chile poblano adquiere mayor presencia y también cambia la textura final del platillo. Esta versión permite que la textura del chile asado permanezca prácticamente intacta, destacando los sabores del relleno y la nogada.
Las diferencias también responden a las recetas familiares y a las interpretaciones de cocineros y restaurantes. Tanto el relleno como la nogada pueden presentar modificaciones dependiendo de la región, los ingredientes disponibles y las costumbres transmitidas entre generaciones. Por ello, servirlos sin capeado no significa necesariamente que estén mal preparados. Sin embargo, para quienes buscan acercarse a la versión tradicional poblana, el capeado continúa siendo uno de los elementos más representativos de la receta.
Identificando los chiles en nogada auténticos
Detrás de esa fachada tricolor, se esconde un secreto que hace temblar a los chefs y consumidores: el mercado gastronómico está saturado de platos que son imitaciones. Fabricar un auténtico chile en nogada exige meses de trabajo agrícola, horas de pelado manual de nuez y un costo de insumos elevado. Por ello, la tentación de recortar caminos y vender versiones falsas a precio alto ha invadido desde fondas informales hasta restaurantes de alta gama.
La nogada auténtica se elabora con nuez de Castilla fresca recién pelada, queso de cabra criollo o de aro de Pahuatlán, un chorrito de jerez seco y leche. Su textura es aterciopelada, pero ligeramente granulosa al paladar; su color no es blanco, sino tipo marfil. Las frutas utilizadas en el relleno deben ser pequeñas, firmes, ácidas y de baja humedad, como manzana verde o durazno fresco. La carne debe ser picada a cuchillo en trozos diminutos, combinando cerdo y res para lograr la textura adecuada.
El chile poblano utilizado debe ser criollo, cosechado en Puebla durante la temporada. Se reconoce por ser de un verde oscuro brillante, piel firme pero carnosa, y un sabor ligeramente picante y herbal. Debe estar tatemado, sudado y pelado a mano, nunca cocido en agua. El capeado tradicional de Puebla es una técnica artística: huevo batido a punto de nieve fino, dorado de forma homogénea. El capeado actúa como un abrigo que permite que la nogada fría se fije al chile tibio sin resbalarse.



