Cómo iniciar y usar masa madre en pizza y pasta fresca
La masa madre es un cultivo vivo de levaduras y bacterias que aporta sabor, aroma y mejor digestibilidad a la pizza y a la pasta fresca. A diferencia del fermento comercial, la masa madre evoluciona con cada alimentación, permitiendo un control total sobre la acidez y la textura del producto final.
Dominar este proceso resulta esencial para quien busca bordes de pizza ligeros como el aire y láminas de pasta sedosas al tacto. En este artículo se desglosan, paso a paso, los factores críticos: hidratación, amasado mínimo, fermentación en frío y salsas base que garantizan resultados consistentes.
Preparar y mantener la masa madre
El punto de partida es un cultivo activo. Se recomienda iniciar con partes iguales de harina de fuerza y agua a temperatura ambiente (aprox. 25 °C). Cada 24 h se alimenta añadiendo la misma cantidad de harina y agua, descartando parte del fermento anterior para mantener la proporción.
- Mezclar 50 g de harina y 50 g de agua.
- Dejar reposar 12-24 h.
- Renovar alimentando 50 g de harina y 50 g de agua.
- Cuando la masa madre burbujee y duplique su volumen, está lista.
Una vez estabilizada, se puede conservar en refrigeración, alimentando una vez por semana con la misma proporción. La fermentación en frío ralentiza la actividad microbiana y favorece el desarrollo de sabores profundos.
Hidratación y cálculo de la masa
La hidratación se define como el porcentaje de agua respecto a la harina. Para pizza se suele trabajar entre 70 % y 80 % de hidratación, lo que produce una masa extensible y capaz de generar burbujas durante la horneada. Para pasta fresca, una hidratación más baja, entre 55 % y 65 %, garantiza una masa firme que permite obtener láminas delgadas sin romperse.
Ejemplo de cálculo para pizza (500 g de harina):
Hidratación 75 % → 375 g de agua. A esta base se añade 100 g de masa madre (20 % del total de harina) y una pizca de sal.
Amasado mínimo y reposo
El objetivo es desarrollar suficiente gluten sin sobrecargar la masa. La técnica de amasado por pliegues (stretch-and-fold) resulta eficaz: después de mezclar los ingredientes, se deja reposar 20 minutos (autólisis), luego se realizan 3-4 series de pliegues cada 5 minutos.
Este proceso permite que la masa mantenga una estructura abierta y ligera, ideal para obtener bordes aireados en la pizza y láminas sedosas en la pasta. Un reposo final de 30-40 minutos a temperatura ambiente completa la fase de desarrollo.
Fermentación en frío para bordes aireados
Tras el amasado, la masa se divide, se forma una bola y se coloca en un recipiente hermético. La fermentación en frío se lleva a cabo en el refrigerador durante 12-24 horas. Durante este periodo la actividad de la levadura se ralentiza, mientras que las bacterias lácticas continúan generando acidez, lo que resulta en una miga más abierta y una corteza crujiente.
Para la pasta fresca, la masa puede reposar en frío entre 1-2 horas; este breve retardo relaja el gluten y facilita el estirado sin romper la masa.
Formar la pizza y la pasta fresca
Al sacar la masa del frío, se deja reposar 30 minutos a temperatura ambiente. Para la pizza, se presiona suavemente el centro, dejando los bordes sin presionar para lograr la característica cornicione inflado. Se estira con las manos o con un rodillo mínimo, evitando presionar demasiado la periferia.
Para la pasta, se divide la masa en porciones, se aplanan con un rodillo o una máquina de pasta hasta obtener el grosor deseado (aprox. 1 mm para tagliatelle). La masa debe permanecer húmeda pero manejable; si se siente seca, se rocía ligeramente con agua.
Salsas base infalibles
Una buena salsa complementa la textura de la masa. Para pizza, la salsa de tomate tradicional se elabora con tomate triturado, aceite de oliva virgen extra, una pizca de sal y albahaca fresca. Se cocina brevemente (10-15 min) para mantener la frescura del tomate.
Para pasta fresca, la salsa bechamel (nata, mantequilla, harina y nuez moscada) o una simple aglio e olio (ajo, aceite de oliva y guindilla) destacan la suavidad del gluten.
Con la combinación adecuada de hidratación, amasado mínimo, fermentación en frío y salsas bien equilibradas, cualquier aficionado puede obtener pizza y pasta fresca de calidad artesanal, con bordes aireados y láminas sedosas que perdurarán en el paladar.



