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8 noviembre 2026

Ganaderos de Paso de Indios piden control de pumas y respuesta estatal

Ganaderos de la meseta chubutense claman por acciones reales contra los pumas que están devorando su ganado.

Ganaderos de Paso de Indios piden control de pumas y respuesta estatal

En la extensa meseta patagónica de Chubut, la ganadería ovina constituye una de las actividades económicas más arraigadas. Los campos de estepa árida rodean localidades como Paso de Indios, donde cientos de familias dependen del rebaño para subsistir. En los últimos meses, la zona ha vivido una escalada de ataques de pumas que ha dejado a los productores en una situación de alerta permanente.

Ante la gravedad del problema, la autoridad provincial de Fauna puso en marcha un formulario oficial para registrar cada incidente. El registro solicita la cantidad de animales muertos, fotografías de los cuerpos y rastros encontrados en el terreno. Aunque la intención es cuantificar el daño, los ganaderos aseguran que la mera recopilación de datos no compensa la pérdida económica ni ofrece una salida práctica.

Leandro Payal, trabajador rural de Paso de Indios, expresó su frustración en la radio local: «Desde hace tiempo no llega una solución concreta y esto ya no da más». Para él, entregar fotos del ganado abatido y del felino es «una burocracia que no resuelve nada». Además, el formulario menciona a la Sociedad Rural de Comodoro Rivadavia, detalle que Payal percibe como una burla ante la falta de respuestas tangibles.

Frente al estancamiento institucional, los productores abogan por la puesta en marcha de una caza organizada de pumas, acompañada de una mayor presencia de los organismos de fauna en la zona. Señalan que los terrenos abandonados facilitan la proliferación del depredador y que, cuando un ganadero intenta autoservirse, la sanción puede superar el valor del animal perdido, lo que desincentiva cualquier defensa directa del rebaño.

El impacto social resulta alarmante. La familia Fernández, propietaria del establecimiento Don Ángel cerca de Gorro Frigio, reportó la muerte de 200 ovejas en un solo año, incluidas crías recién nacidas y una cabra a punto de parir. «Nuestros vecinos ya no tienen animales porque el puma entró al corral y los mató a todos», comentó Liliana Fernández. La pérdida no solo implica la muerte del ganado, sino también los costos de alimentación, medicación y mano de obra invertidos en cada ejemplar, amenazando la continuidad de la ganadería familiar.

Curiosamente, la misma especie que devora el ganado protagoniza un creciente turismo de fauna en el noroeste de Santa Cruz, donde operadores ofrecen safaris para observar pumas en su hábitat natural. Mientras los viajeros pagan por avistar al felino, los productores de Chubut ven cómo el animal se convierte en una amenaza directa para su sustento, generando una paradoja difícil de reconciliar entre conservación y producción.

Ante este panorama, la comunidad rural insiste en que la respuesta estatal vaya más allá de los formularios y la estadística. Exigen medidas de control de depredadores que consideren la realidad de los establecimientos y garanticen la protección del ganado, sin que los propios ganaderos enfrenten multas desproporcionadas. La urgencia es palpable: «Ya estamos al límite, no puede seguir así». Sin una intervención efectiva, la meseta chubutense corre el riesgo de quedar vacía de ganado y de las familias que dependen de él.

Autor

María Vázquez

María Vázquez, zaragozana de 38 años con gafas y mirada analítica, rememora haber cubierto la crecida del Ebro en 2015 desde la ribera del Actur. Afirma la necesidad de rigor y contexto en cada pieza; es licenciada en Historia por la Universidad de Zaragoza y mantiene una columna semanal sobre vida urbana y políticas públicas.