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7 noviembre 2026

Ganaderos de Chubut denuncian muertes de ovejas y piden control de pumas

Ganaderos de Paso de Indios y alrededores advierten que la falta de medidas contra los pumas podría vaciar la meseta chubutense de ganado.

Ganaderos de Chubut denuncian muertes de ovejas y piden control de pumas

En la vasta extensión de la meseta patagónica de Chubut, la relación entre ganadería familiar y la fauna silvestre ha alcanzado un punto crítico. Productores de la zona de Paso de Indios y de otras localidades cercanas denunciaron la pérdida de cientos de ovejas a manos de pumas, una situación que, según ellos, pone en riesgo la continuidad de sus actividades y la estabilidad de sus comunidades.

Leandro Payal, trabajador rural de Paso de Indios, criticó en una entrevista pública el único mecanismo oficial disponible para registrar los ataques: un formulario que obliga a los perjudicados a adjuntar fotos de los cadáveres y rastros. «No es una solución, es solo burocracia», afirmó, señalando que la respuesta institucional sigue siendo insuficiente y no contempla medidas de prevención reales.

El formulario oficial y sus limitaciones

El documento, impulsado por la autoridad provincial de Fauna, requiere que el denunciante detalle el número de animales muertos, adjunte imágenes y describa los indicios encontrados en el terreno. Si bien la intención es cuantificar el problema, los ganaderos argumentan que la recopilación de esos datos no compensa la pérdida económica inmediata. Además, el formulario menciona a la Sociedad Rural de Comodoro Rivadavia, lo que ha sido interpretado por algunos como una burla, pues no se acompañan recursos ni acciones concretas para detener nuevos ataques.

Propuestas de control y la respuesta del Estado

Ante la falta de resultados, Payal y otros productores solicitaron la implementación de una caza organizada y planificada de pumas, argumentando que los campos sin actividad productiva se convierten en refugios para el felino. También reclamaron una mayor presencia de los organismos de Fauna en la región, pues la actual gestión, según los agricultores, es meramente administrativa. Un punto crítico señalado es la penalización a los habitantes que intentan defender su ganado: una multa por cazar un puma puede superar el valor del animal perdido, generando un conflicto legal que desalienta la autodefensa.

Impacto social y económico en la meseta

El caso de la familia Fernández, propietaria del establecimiento Don Ángel cerca de Gorro Frigio, ilustra la magnitud del problema. En un año, 200 ovejas fueron asesinadas, incluidas crías recién nacidas y una cabra a punto de parir. «Nuestros vecinos ya no tienen animales porque el puma entró al corral y los mató a todos», relató Liliana Fernández, quien subrayó que la pérdida no solo implica la muerte del ganado, sino también el costo de la alimentación, la medicación y el trabajo invertido en cada animal. Situaciones similares se registraron en Gastre, donde 244 corderos fueron abatidos en una semana, y en Loncopué, con 60 cabras perdidas en un solo episodio.

El lado turístico: pumas como atracción

Paralelamente, la presencia del puma ha generado un nicho de turismo de fauna en el noroeste de Santa Cruz, donde excursiones especializadas prometen avistamientos del felino en su hábitat natural. Operadores locales utilizan caminatas silenciosas, guías expertos y normas estrictas para minimizar la perturbación del ecosistema. Los visitantes también pueden observar guanacos, choiques, zorros y cóndores, convirtiendo la experiencia en un viaje de biodiversidad más amplio que el simple objetivo fotográfico. Sin embargo, este auge turístico contrasta con la desesperación de los ganaderos, quienes consideran que la misma especie que atrae a los viajeros está devastando su modo de vida.

La meseta de Chubut se encuentra en una encrucijada donde la conservación, la producción agropecuaria y el desarrollo turístico deben encontrar un equilibrio que evite que los campos queden vacíos y que las familias rurales pierdan su sustento.

Autor

Andrés Navarro

Andrés Navarro lleva diez años evaluando restaurantes y producto en España, con atención a la procedencia y el respeto por las tradiciones regionales.