En los últimos días, la pantalla y la calle se han convertido en escenarios de rivalidades culinarias. Por un lado, la semifinal de Top Chef VIP 5 reúne a celebridades como Ninel Conde y Lupillo Rivera, quienes deben superar el calor, el tiempo limitado y el juicio de los críticos para acceder a la gran final. Por otro, la ciudad de Oviedo celebra la Fiesta del Desarme una tradición declarada de Interés Turístico Nacional que devuelve a la mesa platos que nacieron entre cañones y rezos.
Ambos acontecimientos comparten la misma pasión por la cocina, pero sus orígenes difieren: el programa televisivo es una competición moderna de alto riesgo, mientras que la fiesta asturiana surge de un gesto simbólico durante la guerra carlista del siglo XIX. La convergencia de estos hechos permite explorar cómo el plato puede ser, a la vez, arma de victoria y símbolo de reconciliación.
Semifinal de Top Chef VIP 5: presión y creatividad
Durante la fase semifinal, los concursantes tuvieron que enfrentarse a pruebas que mezclarían sabores tradicionales con toques inesperados. Ninel Conde desbordó valentía al batallar contra el calor y los nervios, presentando una creación que conquistó a los jueces y a su propia familia. Lupillo Rivera por su parte, arriesgó con una combinación atrevida denominada «Amor de Colombia», mientras que Roberto Romano apostó por sus raíces, ofreciendo un plato que recordaba a la comida casera de su infancia.
La tensión se hizo palpable cuando algunos participantes, como Guty Carrera tuvieron que improvisar bajo la lluvia, reduciendo los ingredientes a lo esencial y aun así logrando sorprender a sus seres queridos. Cada presentación fue evaluada no solo por el sabor, sino también por la capacidad de transmitir emoción a través del plato, un requisito indispensable para alcanzar el ansiado boleto a la final.
Historia de la Fiesta del Desarme en Oviedo
El origen de la Fiesta del Desarme se remonta a 1836, cuando las tropas carlistas intentaron conquistar la ciudad. El 10 de octubre, cumpleaños de la Reina Isabel II, las autoridades ofrecieron a los defensores un «rancho extraordinario» de garbanzos, tocino, carne y patatas como premio por su valentía. Tras el fin definitivo de las guerras carlistas en 1876, la celebración perdió su carácter militar y se transformó en un acto de reconciliación y fraternidad.
Con el paso de los años, la comida se adaptó a las normas de vigilia de la época: el plato principal se modificó a un potaje de garbanzos con bacalao y espinacas. A finales del siglo XIX se incorporaron los callos y el arroz con leche consolidando el menú del desarme que, hoy, sigue siendo el eje de la celebración, acompañándose tradicionalmente de sidra asturiana.
El menú del Desarme: tres platos que cuentan una historia
Garbanzos con bacalao y espinacas
Este primer plato es un potaje robusto, cocinado a fuego lento con bacalao desalado y espinacas frescas. La combinación de legumbres y pescado salado no solo aporta vigor, sino que también recuerda el origen militar del festín, cuando se necesitaba un alimento nutritivo y fácil de preparar para los soldados.
Callos al estilo de Oviedo
Los callos distintivos de la región se diferencian de los madrileños porque están troceados en piezas muy pequeñas y bañados en una salsa densa que integra jamón, chorizo y pimentón. Esta versión refleja la influencia de la cocina casera asturiana, donde cada ingrediente aporta un toque de ahumado y picante que hace del plato un auténtico placer para el paladar.
Arroz con leche
Este postre, esencial en la tradición local, simboliza la dulzura de la paz alcanzada después de décadas de conflicto, cerrando la comida con un gesto de esperanza.
Durante la semana del 15 al 25 de octubre, cientos de sidrerías y restaurantes de Oviedo abrirán sus puertas para ofrecer este menú, invitando a locales y visitantes a compartir una experiencia que combina historia, sabor y comunidad.



