En los últimos años, el aumento de los precios de los alimentos ha llevado a los consumidores a replantearse sus hábitos de compra y consumo. Un informe reciente de la Food Standards Agency (FSA) del Reino Unido revela que muchas de estas prácticas, aunque económicas, pueden poner en riesgo la seguridad alimentaria.
El estudio, que analiza las opiniones de los consumidores entre abril de 2026 y marzo de 2026, muestra una tendencia preocupante: el 91% de los británicos sigue preocupado por el precio de los alimentos, una cifra que se mantiene estable desde julio de 2026. Sin embargo, solo el 23% teme no poder permitirse comprar alimentos en el próximo mes, lo que indica que la percepción de la carestía es más generalizada que las dificultades económicas reales.
Prácticas de ahorro que comprometen la seguridad alimentaria
El informe de la FSA destaca que casi dos de cada tres consumidores han consumido alimentos pasada la fecha de caducidad. Además, el 60% ha ingerido sobras refrigeradas por más de dos días, y más de la mitad ha reducido la cantidad de comida comprada para ajustar el presupuesto familiar. Otras prácticas incluyen recalentar varias veces las sobras o apagar el horno antes de tiempo para ahorrar energía.
No todas estas conductas son igualmente peligrosas. Por ejemplo, aprovechar el calor residual del horno puede ser seguro si el alimento alcanza la temperatura adecuada. Sin embargo, consumir productos pasada la fecha de caducidad o recalentar repetidamente ciertos alimentos puede favorecer el desarrollo de bacterias peligrosas, especialmente en verano.
El desperdicio alimentario y la calidad de los productos
El estudio también refleja una creciente preocupación por el desperdicio alimentario. Un 77% de los encuestados manifestó su inquietud por el desperdicio de alimentos en la cadena alimentaria, una preocupación similar a la que generan los alimentos ultraprocesados. La organización WRAP especializada en reducción de desperdicio alimentario, señala que el 60% de los alimentos desperdiciados proviene de los hogares, lo que puede suponer unas pérdidas de aproximadamente 1.000 libras anuales (unos 1177 euros) para una familia de cuatro miembros.
Además, los consumidores muestran una creciente preocupación por la calidad de los alimentos y el bienestar animal. En España, esta tendencia se refleja en el aumento del interés por conocer el origen de los alimentos, su composición nutricional y su grado de procesamiento.
La importancia de la información sobre seguridad alimentaria
El informe de la FSA también revela que una parte importante de la población no recuerda haber recibido información reciente sobre seguridad alimentaria. Los temas más recordados son las retiradas de productos, las calificaciones higiénicas de los establecimientos y las alergias alimentarias. Sin embargo, cuatro de cada diez consumidores aseguran no haber visto ninguna información relacionada con seguridad alimentaria en el último mes.
Ante estos resultados, la FSA ha lanzado la campaña Stop. Think. Serve. para recordar los hábitos básicos que ayudan a evitar intoxicaciones alimentarias en el hogar. La campaña enfatiza la importancia de planificar mejor las compras, congelar correctamente los alimentos, respetar las temperaturas de conservación y diferenciar entre fecha de caducidad y consumo preferente.
Aunque las cifras proceden del mercado británico, el mensaje es extrapolable a España, donde la presión sobre el presupuesto familiar ha cambiado el modo de comprar, cocinar y conservar los alimentos. El informe recuerda que el ahorro no debe hacerse a costa de la seguridad alimentaria y que aprovechar mejor los alimentos es compatible con seguir normas básicas de conservación e higiene.